Vuelan las ilustraciones…

…una de ellas, la primera que nos dejó, fue a parar junto con el libro a Valencia, y vive en casa de Laura Viciano.

Allí, un temible can Cerbero la vigila sin descanso. Su nombre es Bilbín y así retumba su ladrido:

“…Que ni el viento la toque porque tiene

pena de muerte el viento si la toca.”

Félix Antonio González  (1976)

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